Fotos Caseras. Chat de sexo.

 

 

 

 

 

 

PAGINA NO ENCONTRADA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

-¿Terminaron el proyecto?- preguntó Santiago mientras Virginia y yo levantábamos los platos de la mesa.
-No- se adelantó a contestar ella-Porque esperamos algunas indicaciones en la reunión de directorio de esta tarde, para darle los últimos detalles-y me miró disimuladamente, como buscando aprobación.
-Sí- contesté un poco nerviosa y esquiva, temiendo que leyera en mis ojos la mentira- Debemos estar en la empresa a las cuatro de la tarde.-
Cuando el reloj dio tres campanadas, estábamos listas para partir y mi marido acababa de levantarse de su corta siesta, para salir de nuevo a la oficina.
Era para él una época de mucho trabajo, ya que enero es el mes que los estudios contables tienen para realizar los balances y presentar la documentación en los organismos pertinentes.
-Nos vemos esta noche- me dijo él provocativamente, dándome un beso y apretando mis nalgas con sus manos.
-Si, claro.-respondí un poco aturdida, apresurada por ganar la puerta; desde allí mi cuñada nos miraba, silenciosa.
-Vamos- le dije, y acomodando mi cartera al hombro me dirigí hacia el auto.
La reunión en realidad estaba programada para las seis de la tarde. Pero debíamos conversar, necesitábamos estar a solas para hablar de lo que nos estaba pasando. Habían sido muchas emociones para un solo día. Además, debíamos inventar una excusa verdaderamente buena que justifique nuestra solicitud de prórroga para la presentación del proyecto.
Ya la lluvia había cesado y las plantas lucían sus colores con todo su esplendor. El tiempo que duró el trayecto hasta el bar cercano a la empresa permanecimos en un embarazoso silencio, yo sumergida en mi rol de conductora, y ella con los ojos clavados en la ventanilla.
Cada una iba absorta en sus pensamientos. Sólo el ruido del motor y las bocinas de los autos nos hacían saber que afuera existía un mundo que seguía andando.

 

VI

Acomodamos los planos en una de las sillas y pedimos dos cafés cortados. La conversación giraba en torno a temas sin trascendencia, sobre los cuales tratábamos de mantener un forzado interés. Luego de que el mozo nos interrumpiera para dejarnos el pedido, no pude evitar comenzar con la charla que nos había llevado hasta allí.
-¿Qué haremos con ésto?-pregunté-No quisiera lastimar a nadie-
-A mí no me lastimas-respondió. Hizo un minuto de silencio y agregó:
-Alguna vez me preguntaste por qué rompí con mi pareja, y yo te contesté con evasivas ¿recuerdas? Fue porque le confesé mi condición de bisexual. Y nunca me creyó que la quería. Ella proclamaba que una bisexual siempre termina enredándose afectivamente con un hombre.
La miré desconcertada, sin entender muy bien lo que decía.-Pero...entonces tu pareja....-
-Sí.-respondió-Mi ex pareja se llama Alice. Sólo que aquí nadie lo sabe.
-Entiendo...-respondí, mientras me reponía un poco de la novedad.
Pero ahora todo comenzaba a encajar: su soltería, su carácter reservado, sus amores misteriosos...su atracción por mí.
Me sentí un poco aliviada cuando me di cuenta de que acababa de descubrir mi condición de bisexual, y digo aliviada porque siendo así podía explicar la atracción y el amor que todavía sentía por Santiago. Y así como Virginia nunca llegaría a enamorarse de un hombre por amar a las mujeres, estaba convencida de que yo jamás querría a una mujer y que mis relaciones con ellas sólo se limitarían a la búsqueda del placer carnal. Además, yo amaba a mi marido.
Ella me confió que en un primer momento, cuando comenzó a sentirse atraída por mí, la perturbaba el hecho que fuera su cuñada. Pero luego no vio nada de malo en que pudiéramos jugar un poco por placer, sin compromisos. Además, Santiago era mi esposo y a eso nada podría modificarlo.
Sólo bastaron unos días para que me diera cuenta de toda la verdad.
Aliviada yo un poco de la culpa, seguimos charlando y riendo esperando que llegue la hora de ir a la reunión. Habíamos decidido pedir la postergación de la entrega aduciendo una imprevista indisposición mía por un viejo problema de riñón, que en realidad de cuando en cuando me atacaba.
Antes de salir, nos dirigimos al toilette para retocarnos el maquillaje. Parada frente al espejo, buscaba en mi bolso el lápiz labial cuando siento que Virginia echa llave a la puerta y se abalanza jocosamente hacia mí.
-¡No escaparás, villana!- exclamó en tono cinematográfico mientras se sacaba el top y me abrazaba por la espalda, riendo y refregando su cuerpo contra el mío. Yo podía mirar a través del espejo cómo devoraba mi cuello con exagerados besos y mordiscones mientras metía sus manos por debajo de mi blusa, levantando mi corpiño y apretando mis pechos. Podía sentir los movimientos de su pubis contra mis nalgas y sus duros botones en el escote de mi espalda.
-¡No, espera!- le advertí riendo y apartándola de mí- ¡Nos esperan en la oficina!-
-Te preocupas demasiado-acotó livianamente-Si sólo nos llevará unos minutos.-
Me tomó por la cintura y me sentó sobre el lavatorio. Levantando mi pollera abrió mis piernas y acomodó mis rodillas cerca de mi cara. Se inclinó divertida y con su cara enfrente de mi sexo, me corrió la tanga sosteniéndola con una mano, mientras con sus otros dedos jugaba en mi interior como una adolescente. Su inquieta lengua me hizo estremecer en un orgasmo silencioso y clandestino como nuestro juego.
No había terminado de disfrutar de mi clímax cuando llamaron a la puerta. Casi me muero de susto. Por unos segundos, había olvidado que estábamos en el baño de un bar. Me incorporé violentamente acomodando mi ropa con urgencia y tratando de disimular mi excitación, mientras Virginia me observaba burlona.
-¡Un momento!-gritó ella mientras reía compulsivamente y se calzaba otra vez su top blanco-La llave se atoró.-
Salí como un rayo del lugar, y ruborizada y avergonzada me dirigí directamente al estacionamiento. Virginia tuvo que ocuparse de levantar los planos y de pagar la cuenta.
Esta vez condujo ella. Esta vez, nos miramos con picardía, como dos criaturas que acaban de mandarse una travesura; y el embarazoso silencio dio lugar a las sonrisas.

 

VII

Solucionados los conflictos y aclaradas mis dudas, retomé mis actividades con normalidad.
Mi vida con Santiago era buena, nuestras relaciones íntimas se daban con la regularidad de siempre, y de vez en vez, con Virginia aprovechábamos las mañanas libres para jugar un poco por la casa: el baño. el living, la cocina.
No olvidaré aquella vez cuando preparaba el postre favorito de mi marido y terminamos todas pegajosas y relajadas.
En esos días los rayos del sol caían como dagas y habíamos decidido broncearnos un poco antes de que el sol se tornara agresivo. Nos metimos un rato a la pileta y luego nos quedamos en nuestros trajes de baño. A las diez de la mañana, el calor ya comenzaba a hacerse notar.
Ella se puso a trabajar sobre los planos de un subsuelo que debía tener acceso a uno de los subtes de la ciudad y estaba teniendo problemas con la distribución del sistema de ventilación. Eso, en una ciudad tan calurosa como ésta, era sumamente delicado.
Hizo un alto en su tareas y fue a la cocina, donde yo me esmeraba en respetar los pasos de la conocida pero complicada receta; el postre debía salirme perfecto, por dos razones: era el predilecto de Santiago y además, ese día era su cumpleaños.
Después de curiosear en la heladera, Virginia se apoyó contra la mesada a mirar lo que cocinaba mientras mordisqueaba distraídamente una manzana.
Para llamar su atención, tal vez llevada por un inconsciente deseo de poseerla otra vez, metí mis dedos en el dulce de leche y los llevé a su boca. Ella, sin dudar comenzó a lamerlos gustosa. Mirándome provocativamente a los ojos los limpiaba lenta y pausada con su lengua, los aprisionaba con sus labios y los hundía profundamente hasta su garganta. Sin pensarlo más saqué sus pechos del corpiño y comencé a masajearlos con suavidad cubriéndolos con la crema chantilly que tenía para el relleno. Los llevé a mi boca para comerlos golosamente frotando sus grandes y duros botones con la punta de mi lengua. Y a las dos nos envolvió la locura: la tiré sobre la mesa y la dejé completamente desnuda al tiempo que ella habría sus piernas entregándose completamente. Tomé la miel y la derramé sobre su vientre y sobre su vulva carnosa y depilada. Desde allí vi cómo corría por los labios y se agolpaba en su panal. Me convertí entonces en un oso que busca su alimento preferido: lamí su sexo ávidamente y en el intento de extraer la miel producida en sus entrañas, hundía mi lengua y refregaba mi cara con desesperación. Sus contorsiones me avisaban que el clímax había llegado.
Agitada, bajó de la mesa, me puso a cuatro pies en el suelo y abriendo mis nalgas con sus manos, lubricó mi orificio trasero para hacerlo jugar delicadamente con sus dedos. Se quitó el pañuelo con que sujetaba su cabello y me tapó los ojos.
-No te muevas-me dijo al oído-Ya regreso-
Le hice caso y al minuto la oí volver. No podía verla, pero sentía su lengua recorriendo todos los rincones de mi piel. Se arrodilló detrás de mí, y sorpresiva y maravillosamente, sentí que mis carnes se abrían al paso de su inmenso miembro sujeto a unos arneses que rodeaban sus caderas. Y grité. No lo esperaba. Ella se movía rítmicamente, y yo trataba de recuperar la respiración mientras todo mi cuerpo era bombardeado por desconocidos espasmos de placer.
Nos tiramos de espaldas en el piso para recuperar el aliento. Permanecimos unos minutos en silencio. Imprevistamente. giró hacia mí apoyando su cabeza en uno de sus brazos, me miró y corriéndome el cabello del rostro,
-Te amo-me dijo tristemente.-Siempre te amé-
Yo enmudecí por unos instantes, pero cuando adivinó mis intenciones de articular palabra, puso sus dedos sobre mis labios y acotó:
-Shssss. No tienes que explicarme nada. Sabía que el día que te lo confesara, te perdería. Está todo bien, son las reglas del juego. Mi hermano es un hombre muy afortunado. Dentro de un mes cada cual seguirá su camino. Sólo quería que lo supieras.-

 

 

 


 

 

 

WEBS PARA ADULTOS. SOLO PARA MAYORES DE 18 AÑOS.

 

Sexo en Vivo Famosas Desnudas Sexo Gay Fotos Voyeur Porno Gay
Videos Gays Fotos Gays Gay Gratis Fotos Lesbianas Gays en vivo